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Letras

A veces vuelvo

A veces vuelvo

Olvido todo este frío reunido de una sola vez.
De vez en cuando, cada tanto
los juegos prohibidos nos sacan ese frío.
Escurro entre tus dedos
tus canciones, tus mitos hoy.
Y es que estamos desesperados
por encontrarnos y vernos hoy
y vernos hoy que...

Más deseo mas me alejo
soy un extraño aquí en mi cuerpo
tanta calma desespero
salgo mucho a veces vuelvo

Crujen los maderos de viejos andenes.
Las vías muertas nos quieren llevar
a nuevos cruces infinitos
Destinos imposibles,
noches de nunca acabar.

Y es que estamos desesperados
por encontrarnos y vernos hoy
y vernos hoy que...

Más deseo mas me alejo
soy un extraño aquí en mi cuerpo
tanta calma desespero
salgo mucho a veces vuelvo.

 

A veces vuelvo. Catupecu Machu

Cervantes, esquina a León

Cervantes, esquina a León

El escritor español cuenta cómo logró que un grupo de estudiantes quinceañeros escucharan atentos su improvisada clase sobre el barrio de las Letras, en Madrid

Por Arturo Pérez-Reverte | Madrid, 2009

Enviado por MSZ

Me gusta la calle Cervantes de Madrid. No porque sea especialmente bonita, que no lo es, sino porque cada vez que la piso tengo la impresión de cruzarme con amistosos fantasmas que por allí transitan. En la esquina con la calle Quevedo, uno se encuentra exactamente entre la casa de Lope de Vega y la calle donde vivió Francisco de Quevedo, pudiendo ver, al fondo, el muro de ladrillo del convento de las Trinitarias, donde enterraron a Cervantes. A veces me cruzo por allí con estudiantes acompañados de su profesor. Eso ocurrió el otro día, frente al lugar donde estuvo la casa del autor del Quijote , recordado por dos humildes placas en la fachada -en Londres o París esa calle sería un museo espectacular con colas de visitantes, librerías e instalaciones culturales, pero estamos en Madrid, España-. La estampa del grupo era la que pueden imaginar: una veintena de chicos aburridos, la profesora contando lo de la casa cervantina, cuatro o cinco atendiendo realmente interesados, y el resto hablando de sus cosas o echando un vistazo al escaparate de un par de tiendas cercanas. Cervantes les importa un carajo, me dije una vez más. Algo comprensible, por otra parte. En el mundo que les hemos dispuesto, poca falta les hace. Mejor, quizás, que ignoren a que sufran.

Pasaba junto a ellos cuando la profesora me reconoció. Es un escritor, les dijo a los chicos. Autor de tal y cual. Cuando pronunció el nombre del capitán Alatriste, alguno me miró con vago interés. Les sonaba, supongo, por Viggo Mortensen. Saludé, todo lo cortés que pude, e hice ademán de seguir camino. Entonces la profesora dijo que yo conocía ese barrio, y que les contase algo sobre él. Cualquier cosa que pueda interesarles, pidió.

La docencia no es mi vocación. Además, albergo serias reservas sobre el interés que un grupo de quinceañeros puede tener, a las doce de la mañana de un día de invierno frío y gris, en que un fulano con canas en la barba les cuente algo sobre el barrio de las Letras. Pero no tenía escapatoria. Así que recurrí a los viejos trucos de mi lejano oficio. Plantéatelo como una crónica de telediario, me dije. Algo que durante minuto y medio trinque a la audiencia. Una entradilla con gancho, y son tuyos. Luego te largas. "Se odiaban a muerte", empecé, viendo cómo la profesora abría mucho los ojos, horrorizada. "Eran tan españoles que no podían verse unos a otros. Se envidiaban los éxitos, la fama y el dinero. Se despreciaban y zaherían cuanto les era posible. Se escribían versos mordaces, insultándose. Hasta se denunciaban entre sí. Eran unos hijos de la grandísima puta, casi todos. Pero eran unos genios inmensos, inteligentes. Los más grandes. Ellos forjaron la lengua magnífica en la que hablamos ahora."

Me reía por los adentros, porque ahora todos los chicos me miraban atentos. Hasta los de los escaparates se habían acercado. Y proseguí: "Tenéis suerte de estar aquí -dije, más o menos-. Nunca en la historia de la cultura universal se dio tanta concentración de talento en cuatro o cinco calles. Se cruzaban cada día unos y otros, odiándose y admirándose al mismo tiempo, como os digo. Ahí está la casa de Lope, donde alojó a su amigo el capitán Contreras, a pocos metros de la casa que Quevedo compró para poder echar a su enemigo Góngora. Por esta esquina se paseaban el jorobado Ruiz de Alarcón, que vino de México, y el joven Calderón de la Barca, que había sido soldado en Flandes. En el convento que hay detrás enterraron a Cervantes, tan fracasado y pobre que ni siquiera se conservan sus huesos. Lo dejaron morir casi en la miseria, y a su entierro fueron cuatro gatos. Mientras que al de su vecino Lope, que triunfó en vida, acudió todo Madrid. Son las paradojas de nuestra triste, ingrata, maldita España".

No se oía una mosca. Sólo mi voz. Los chicos, todos, estaban agrupados y escuchaban respetuosos. No a mí, claro, sino el eco de las gentes de las que les hablaba. No las palabras de un escritor coñazo cuyas novelas les traían sin cuidado, sino la historia fascinante de un trocito de su propia cultura. De su lengua y de su vieja y pobre patria. Y qué bien reaccionan estos cabroncetes, pensé, cuando les das cosas adecuadas. Cuando les hacen atisbar, aunque sea un instante, que hay aventuras tan apasionantes como el París-Dakar o mira quién baila, y que es posible acceder a ellas cuando se camina prevenido, lúcido, con alguien que deje miguitas de pan en el camino. Le sonreí a la profesora, y ella a mí. "Bonito trabajo el suyo, maestra", dije. "Y difícil", respondió. "Pero siempre hay algún justo en Sodoma", apunté señalando al grupo. Mientras me alejaba, oí a algunos chicos preguntar qué era Sodoma. Me reía a solas por la calle del León, camino de Huertas. Desde unos azulejos en la puerta de un bar, Francisco de Quevedo me guiñó un ojo, guasón. Le devolví el guiño. La mañana se había vuelto menos gris y menos fría.

La orquídea blanca

La orquídea blanca

Enviado por MGR

En su departamento
escritora en éxitos
tus amigos piensan borrar su tristeza
con fíes

El nació para vivir siempre en su combi
un huracán borro su casa, su sonrisa
y todo, y todo

Intento llevar su historia al cine
intento no lo
aunque trate apareció
apareció

Se encontraron con el film
de tratar de describir
la naturaleza
con palabras de ella

En tesis el placer de compartir
reina en la combi
el saber que los pantanos
son las palma de su mano

Intento llevar su historia al cine
intento no ser
presa de caimanes
intento no lo
aunque trate
apareció
la orquídea blanca
apareció
la orquídea blanca

 

La orquídea blanca. Massacre

Esporádico

Esporádico

Mis propios celos han sido esporádicos. Aunque me haya servido de mi itinerario sexual para satisfacer mi curiosidad intelectual y profesional, he mantenido, en cambio, una gran indiferencia por la vida sentimental, conyugal, de mis amigos. E incluso más que indiferencia: un poco de desden. Solo he tenido arrebatos de celos. Solo he tenido arrebatos de celos con los hombres con los que he compartido mi vida y, curiosamente, por razones muy distintas en los dos casos. Sufrí cada vez que a Claude le seducía una mujer que yo consideraba más bonita que yo. No soy fea, pero siempre que se aprecie en su totalidad mi físico, y no las características de mis atributos. Me enfurecía no poder perfeccionar mis prestaciones sexuales, en principio y ilimitadas, mediante una apariencia que no admitiera reservas.

 

Catherine Millet. La vida sexual de Catherine M.

Frontera

Frontera

Yo no sé de dónde soy,
mi casa está en la frontera

Y las fronteras se mueven,
como las banderas.

Mi patria es un rinconcito,
el canto de una cigarra.

Los dos primeros acordes
que yo supe en la guitarra.

Soy hijo de un forastero
y de una estrella del alba,
y si hay amor, me dijeron,
toda distancia se salva.

No tengo muchas verdades,
prefiero no dar consejos.

Cada cual por su camino,
igual va a aprender de viejo.

Que el mundo está como está
por causa de las certezas.

La guerra y la vanidad
comen en la misma mesa.

Soy hijo de un desterrado
y de una flor de la tierra,
y de chico me enseñaron
las pocas cosas que sé
del amor y de la guerra.

 

Jorge Drexler. Frontera.

Tragedia

Tragedia

Sucede que a veces las verdaderas tragedias de la vida ocurren de una manera tan inartística, que nos hieren por su cruda violencia, por su incoherencia absoluta, su absoluta necesidad de sentido, su entera carencia de estilo. Nos afectan lo mismo que la vulgaridad. Nos dan una impresión de pura fuerza bruta y nos rebelamos contra eso. A veces, sin embargo, una tragedia que posee elementos artísticos de belleza, atraviesa nuestras vidas. Si estos elementos de belleza son reales, despierta íntegra y simplemente en nosotros el sentido del efecto dramático. Nos encontramos de pronto, no ya como actores, sino espectadores de la obra. O más bien somos ambas cosas.

 

Oscar Wilde. El retrato de Dorian Gray

Tardewski

Sentía atracción por lo que uno llama tipos fracasados, dijo. Pero, ¿qué es, dijo, un fracasado? Un hombre que quizás no tiene todos los dones, pero sí muchos, incluso bastantes más que los comunes en ciertos hombres de éxito. Tiene esos dones, dijo, pero no los explota. Los destruye. De modo, dijo, que en realidad destruye su vida. Después Tardewski volvió a hablar de esa cualidad destructiva, de esa rara lucidez que se adquiere cuando se ha conseguido fracasar lo suficiente. Porque otra de las virtudes del fracaso, dijo, es que nos enseña que nunca nada deja su huella en el mundo. Sé que simplemente por la necesidad constante de defenderse puede uno llegar a volverse tan débil que no pueda ya defenderse. Todos queremos, le digo, tener aventuras. Renzi me dijo que estaba convencido de que ya no existían ni las experiencias, ni las aventuras. Ya no hay aventuras, me dijo, sólo parodias.

Vine a este pueblo hace más de 30 años y desde entonces estoy de paso. Estoy siempre de paso, soy lo que se dice un ave de paso, sólo que permanezco en el mismo lugar.

 

Ricardo Piglia. Respiración Artificial

Todo tiene su tiempo

1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. 2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 4 tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; 5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; 6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; 7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; 8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. 9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?

10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. 11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. 12 Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; 13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor. 14 He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres. 15 Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.

16 Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí impiedad; y en lugar de la justicia, allí iniquidad. 17 Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace. 18 Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias. 19 Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. 20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo. 21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra? 22 Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?

 

Eclesiastés, Capítulo III. La Bilbia. Versión Reina Valera.

Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo D. Quijote de la Mancha

En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos, como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles, y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

 

En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra, como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, e irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras, y a ejercitarse en todo aquello que él había leído, que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros, donde acabándolos, cobrase eterno nombre y fama.

 

Miguel de Cervantes Saavedra. El ingenioso Hidalgo Don quijote de La Mancha.

Selección del Capítulo I.  Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo D. Quijote de la Mancha.

Este ansia de innovación compulsiva disfraza lo nuevo...

Este ansia de innovación compulsiva disfraza lo nuevo y, en realidad, se parece más a la fabricación de un mundo ideal. No toda novedad está anunciando la emergencia de una diferencia. La novedad arropada de panacea está cargada de atributos mágicos. Podemos inundar la escuela de innovaciones y sin embargo ahogar la “novedad” entendida como algo de otro orden que viene a transformar matrices de pensamiento y acción. La educación no es más potente por su carácter innovador sino por su capacidad de producir alguna diferencia en el sujeto y de poner a su disposición algo que le permita ser distinto a lo que es en algún aspecto. La cuestión no es entonces ahogarnos de innovaciones sino crear condiciones para que el por-venir acontezca. El discurso de la innovación encierra una paradoja irresoluble, porque en tanto se convierte en imperativo, en estrategia previsible para un futuro fabricado, inhibe la disrupción, la verdadera novedad que solo puede registrarse luego de acontecida.

 

Alejandra Birgin. “Presentación” en ¿Dónde está la escuela?

Atardecer

Atardecer

Yo no he visto jamás una alegría más expansiva ni más cordial

Para Regi

Buenos Aires, 25 de mayo de 1810, 9 de la noche. Mi querido J. R: (…) La verdad es que no se puede describir la alegría del pueblo, ¡somos libres! Yo mismo no alcanzo a darme cuenta de la inmensidad de esta dicha, y bailo solo sin poder contenerme. Anoche renunció Cisneros del todo y quedó abolida la pérfida intriga de los faldonudos y granbonetes del Cabildo (…) -¡Atención, señores! -Y el escribano-secretario del Ayuntamiento Justo José Núñez nos leyó: que por la nueva acta de hoy día 25 de Mayo de 1810 quedaba constituida la Junta de Gobierno en Saavedra, Castelli, Belgrano, Azcuénaga (paisanos) Matheu y Larrea (europeos pero patriotas), con Paso y Moreno como secretarios. (…) Hazte cargo del júbilo general que estalló. De ahí corrimos a los cuarteles a hacer tocar diana y a las iglesias para echar a vuelo las campanas. Terrada mandó en el acto hacer salvas: los cohetes reventaban por todas partes; las calles llenas de barro, porque llovía bastante, y sin embargo llenas de señoras y muchachas que vitoreaban a la patria a la par del pueblo. ¡Aquello era hermoso! Ha sido imposible iluminar la ciudad por causa de la lluvia y de la garúa; miles de negros y mulatillos han luchado por guarnecer de candilejas las rejas de las ventanas y las cornisas de las puertas; pero se ha recurrido a otro expediente: se han hecho abrir todas las puertas e iluminar los zaguanes; la mayor parte de las ventanas están abiertas e iluminadas por detrás de los vidrios con candelabros, y en las piezas hay niñas y señoras recibiendo sus amigos, tocando el clave y bailando. Yo no he visto jamás una alegría más expansiva ni más cordial”.

Carta de Cosme Argerich a J. R. en  Raffo de La Reta, J.C. Lecciones de Historia Argentina. Bs. As., 1954, Ed. Estrada. 

Carta del Jefe Piel Roja Noah Sealth (1854)

Carta del Jefe Piel Roja Noah Sealth escrita en 1854 en respuesta a la propuesta del presidente de EEUU, Franklin Pierce, para crear una reserva india y acabar con los enfrentamientos entre indios y blancos.

"¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aun el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida. Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿cómo podrán ustedes comprarlos? 

 

Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto, es sagrada a la memoria y el pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.

 

Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas, en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; estos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.

 

Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos esta pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podemos vivir confortablemente entre nosotros. El se convertiría en nuestro padre, y nosotros en sus hijos. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros.

 

El agua cristalina que corre por los rios y arroyuelos no es solamente agua, sino que también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que es sagrada, y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

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Llos rios son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los rios son nuestros hermanos y también los suyos, y por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.

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Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Le secuestra la tierra de sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres, como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la Tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorara la tierra dejando atrás solo un desierto. No sé, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena la vista del piel roja. Pero quizás sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada.

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No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar cómo se abren las hojas de los árboles en primavera o como aletean los insectos. Pero quizá también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido parece insultar nuestros oídos. Y, después de todo, ¿para qué sirve la vida, si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos. El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres comparten un mismo aliento -la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire no es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré una condición: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

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Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo cómo una maquina humeante puede importar mas que el búfalo al que nosotros matamos solo para sobrevivir. 

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¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual; porque lo que le sucede a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado.

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Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos. 

 

Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado.

 

Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; el es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a si mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, queda exento del destino común. 

 

Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizá el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que El les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. El es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para El y si se daña se provocaría la ira del creador. También los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus. Contaminan sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos. Pero ustedes caminarán hacia su destrucción, rodeados de gloria, inspirados por la fuerza de Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes... ¿Donde está el matorral? Destruido. ¿Donde está el águila? Desapareció. Termina la vida y empieza la supervivencia."

 

Truman

Mi vida -como artista, por lo menos- puede ser proyectada en un gráfico con la misma precisión que una fiebre, registrándose altos y bajos, ciclos específicamente definidos. Comencé a escribir a los ocho años, inesperadamente, sin la inspiración de un modelo. No conocía a nadie que escribiera. En realidad, apenas si conocía a alguien que leyera. El hecho era que sólo cuatro cosas me importaban: leer, ir al cine, zapatear y dibujar. Luego, un día, empecé a escribir, sin saber que me había encadenado, de por vida, a un amo noble pero despiadado. Cuando Dios nos ofrece un don, al mismo tiempo nos entrega un látigo, y éste sólo tiene por finalidad la autoflagelación. Pero, naturalmente, yo no lo sabía. Yo escribía historias de aventuras, novelas policiales, escenas cómicas, cuentos que me habían narrado ex esclavos y veteranos de la Guerra Civil. Me divertía muchísimo, al principio. Dejé de divertirme cuando descubrí la diferencia entre escribir bien y mal, y luego hice un descubrimiento más alarmante aun: la diferencia entre escribir muy bien y el verdadero arte. Una diferencia sutil, pero feroz. Después de eso, cayó el látigo.

Truman Capote Música para Camaleones

El banquete

Su vocación por la farsa es tremenda. ¿Le viene de adentro, como una "expiración", o la ejerce mediante un acto cerebral? - Nunca me lo he preguntado -le dije-. Sólo sé que en los trances más dramáticos o solemnes de mi vida siento una furia interior, poética y a la vez destructora, que me incita de pronto a una liberación por lo absurdo.

Leopoldo Marechal - El banquete de Severo Arcángelo

Si te vas

Si te vas, te irás sólo una vez,

para mí habrás muerto.

Yo te pido que me lo hagas saber,

quiero estar despierto.

Porque si te vas, yo quiero creer,

que nunca vas a volver.

Dímelo y será mucho menos cruel,

yo siempre supe perder.

 

Si te vas, quiero verte partir,

saber que te has ido.

Sin adioses, el amar y el morir,

nunca son olvido.

Pájaro tu piel, viento mi querer,

yo te puedo comprender.

Sin saber por qué, no te podrás ir,

yo te quiero despedir.

 

Y no será por eso, que estemos separados,

aunque no te marcharas, lo nuestro está terminado.

Pero si te vas, yo quiero creer,

que nunca vas a volver.

 

Si te vas, con amor o sin él,

debes irte ahora.

Tus nostalgias y tus fugas de ayer,

ya no me enamoran.

Mírate vivir, sangre de gorrión,

te ha faltado corazón.

Yo bien puedo ser, si te quieres ir,

el que te ayude a partir.

 

Si te vas, no te vayas así,

llévate tu vida.

Si no puedes olvidarme y partir,

volarás herida.

Vete sin dolor, debes comprender

que soy el mismo de ayer.

No hay mejor amor que el que ya pasó,

se siente al decir adiós.

 

Alfredo Zitarrosa

Sentimientos en Camus

“Como las grandes obras, los sentimientos profundos declaran siempre más de lo que dicen conscientemente. La constancia o movimiento de una repulsión en un alma se vuelve a encontrar en los hábitos de hacer o de pensar y tiene consecuencias que el alma misma ignora. Los grandes sentimientos pasean consigo su universo, espléndido o miserable. Iluminan con su pasión un mundo exclusivo en el que vuelven a encontrar su clima. Hay un universo de la envidia, de la ambición, del egoísmo o de la generosidad. Un universo, es decir una metafísica y una actitud espiritual. Lo que es cierto de los sentimientos ya especializados lo será todavía más de las emociones tan indeterminadas en su base, a la vez tan confusas y tan “ciertas”, tan lejanas y tan “presentes” como pueden ser las que nos producen lo bello o suscita lo absurdo.”

Albert Camus, El mito de Sísifo

El último lector

“Hay una foto donde se ve a Borges que intenta descifrar las letras de un libro que tiene pegado a la cara. Está en una de las galerías altas de la Biblioteca Nacional de la calle México, en cuclillas, la mirada contra la página abierta.

Uno de los lectores más persuasivos que conocemos, del que podemos imaginar que ha perdido la vista leyendo, intenta, a pesar de todo, continuar. Esta podría ser la primera imagen del último lector, el que ha pasado la vida leyendo, el que ha quemado sus ojos en la luz de la lámpara. `Yo soy ahora un lector de páginas que mis ojos ya no ven.´

Un lector es también el que lee mal, distorsiona, percibe confusamente. En la clínica del arte de leer, no siempre el que tiene mejor vista lee mejor.”

Ricardo Piglia, El último lector.

Un lunar de tu cara

“Pero, puestos a escoger, prefiero un buen polvo a un rapapolvo y un bombero a un bombardero, crecer a sentar cabeza, prefiero la carne al metal y las ventanas a las ventanillas, un lunar de tu cara a la Pinacoteca Nacional y la revolución a las pesadillas. Prefiero, el tiempo al oro, la vida al sueño, el perro al collar, las nueces al ruido y al sabio por conocer que a los locos conocidos.”

Joan Manuel Serrat, Cada loco con su tema.